La economía dominante no conjetura a priori que los mercados sean preferibles a otras maneras de organización social. De hecho, muchos estudios se dedican a los casos en que las fallas del mercado llevan a la asignación de recursos que es subóptima e inventa una pérdida de peso muerto. Un clásico ejemplo de asignación de recursos subóptima es el del bien público. En tales casos, los economistas podrían intentar buscar políticas que eludan el despilfarro, ya sea por dominio gubernamental, no directamente por medio de reglamentos que inciten a los participantes del mercado a actuar de forma consistente con el bienestar óptimo o creando mercados “faltantes” para admitir el comercio eficaz donde ninguno haya previamente existido.

Dios les bendiga

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